
DIA 18. TRANSICION.
Por donde sea que paso, todo me habla, me lleno de palabras y quiero anotarlo todo, pero no puedo. Temo registrar lo que no debo y después no tener cómo borrar. ¿Y si la vida fuera así de fácil? Rayar, garabatear, amontonar letras y oraciones y zás, borrar y olvidar?
(¿Por qué me ha dado con esto de “si la vida…”? ¿Qué te (me) pasa? La vida es. No tiene si, es que, resulta, podría. Es. Y punto. Córtala).
Una separación no se debe anunciar, me dicen: “es igual que un suicidio: se hace, no se avisa”. Y me quedo pegada en lo del suicidio… así me siento frente a lo que nos pasa: suicida, no sólo de mí, también de ti, de nosotros y de los niños.
Hoy la tapicera de las sillas me dijo, "saque, llévese los escombros, no dejan fluir la energía". Y aunque sólo aumentó mi miedo, me refugié en sus palabras, pensando (sí, sí sé, la esoteria mía, pero convengamos que tú también lo eres a veces), en que quizás si retiro todo lo que nos tiene sepultados, podamos resucitar.
(Es que ¿sabes?, como la Pizarnik, estoy en no poder más… y por eso las ganas de encontrar donde protegerme.)
Los suicidas son (somos) peligrosos.





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