
DIA 38, 39 y 40. NADA.
DIA 41. TRANSICION.
Han sido días de sol, frío, luz, viento, calor, lluvia… sí, han sido días claroscuros. Como nosotros, mostrándonos las ventanas y dándonos con las puertas. Esperando. (He esperado mucho, mis insomnios son rutina y mientras menos duermo, más espero. En alguna serie de televisión la comadre dice, a propósito de como anda su matrimonio: “algo tiene que cambiar”. Primero la oigo decirlo en inglés, luego leo las letras en español y quiero gritar ¡aquí, bingo, aquí! Exactamente: algo tiene (tenemos) que cambiar. Si no lo hacemos, el final dejará su vigilia y se transformará en la (nuestra) realidad.)
PAUSA.
Amo la noche, las luces, el viento helado, los rincones, la velocidad, la música fuerte, los ojos que hurguetean, los pasos apurados, los relojes que siguen dando la hora, la luna semi-borrada, las ganas, la adrenalina. La comida estuvo espléndida, tanto como el nombre del lugar: In Fraganti. La conversación fue casi inexistente, salvo para comentar los sabores, los aliños, la decoración, lo bueno que estaba el mango sour, que bueno que no hace tanto frío, los camarones: o sea, eso, la comida.
No hubo complicidad, ni siquiera la semi-penumbra del lugar nos alentó a jugar con los ojos, con los roces de manos y piernas, con los labios semi-abiertos… nada.
El mozo fue diligente pero nosotros no. Somos incapaces de salir del pantano en que nos hemos metido. Los miedos, no saber qué es lo correcto o lo más conveniente. Estáticos, así estamos, sumidos en la indolencia de la cual nos hablan los profesionales y los amigos. (Cuando pienso en esto, me siento como una estaca enterrada hasta el cuello en los años de nuestra historia común, imposibilitada de desarraigarme… cuando sueño sobre esto, busco el viento, uno que con violencia y decisión sea capaz de erradicarme y así poder deshacerme y empezar un hacerme de nuevo.)
Ya instalados en el auto, la música (¡bendita!) fue la que nos amparó en nuestro silencio. (Es tan incómodo, tan inmanejable, nuestro no decir, no pensar, no sentir, no querer pero al mismo tiempo, sabemos lo que debemos decirnos, conocemos hasta la médula nuestros pensamientos, la piel está siempre alerta para dejarse llevar por nuestros deseos... ah, qué sería de nosotros si no fuera por el alma que en constante vigilancia es la que nutre esta espera…).





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