
DIA 42, 43, y 44. NADA.
DIA 45. TRANSICION.
No sé si me despertó la inquietud o la humedad: pero lo cierto es que de repente me aparecí apretada contra ti susurrándote, estoy caliente. Me tomaste con fuerza y nos accedimos el uno a la otra sin decir nada, sólo haciendo. Fue rápido y salvaje. Fuerte. Al terminar tampoco dijimos nada. Quedamos cada uno en su lugar, no sé si con los ojos abiertos o cerrados, no sé si con el corazón tranquilo o inquieto, no sé si con ganas de acercarnos o de partir para cualquier lado, no sé si con pena o con rabia, no sé si entendiéndonos o ignorándonos, no sé si con nostalgia o con desazón… ni siquiera sé por qué pasó… sólo sé que dije lo que dije y fue como derretirnos, para verternos el uno en la otra y quedar arrinconados, sin saber.
PAUSA.
Leo y releo y sólo siento vergüenza, incredulidad y desconocimiento de quién soy. Estos días invernales, de dormir juntos, de respirarnos, han sido ambiguos. No sé si lo que vivo es mi vida o es la vida. Y la distancia entre ese “mi vida” y “la vida” es la que me entristece, porque no sé cuál es mejor, cuál es la que merecemos.
Me he refugiado en recuerdos, los reales y los que me invento. Pero eso sólo hace que me confunda más, porque pareciera que los tangibles son los de “la vida” y los fantaseados son los de “mi vida”.
(De cualquier forma quiero anotar algunos de “mis” recuerdos y de “los” recuerdos: ver crecer el pino del jardín de mi casa; nadar largamente en el mar; la incredulidad de ser amada; mis primeros textos en el archivador verde; la cordillera nevada y el frío que emanaba de ella cuando jugaba en los patios del colegio; capeando olas una y otra vez a la hora que se ponía el sol; creerme ser Scarlett O’Hara y Jo March; recordar cómo mientras, las nubes se derramaban afuera, yo en la iglesia llorando hasta el cansancio el día de mi matrimonio; el miedo circundándome siempre, en todo lugar y momento…).





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