Diario de Separación - día10

UNDERWATER

Quiero llamarlo y preguntarle, ¿cómo lo haces, cómo puedes dar vuelta el día sin llamarme, desconectado?

 

¿Cómo lo haces? 

¿De qué sirve tener la mente y el alma repleta de "no puedo vivir sin tí", cuando la realidad demoledora es que sí, sí se puede?

Estoy tan triste, cansada, lost.  Son dos décadas contigo y conmigo, en un nosotros que simplemente extirpaste.  "Nosotros" no existe.  NO.

Lo peor es que pienso más que antes en tí, te deseo más que antes, te añoro más que antes, te espero más que antes...  pero al mismo tiempo ya no te intuyo como solía hacerlo, ni tampoco confío en tí, ni siento la necesidad de contarte nada.

La tranquilidad nos tiene a todos hipnotizados.  La pedimos tanto y ahora estamos instalados en este remanso.  Lo raro es que el desasosiego (de la piel, de las neuronas, de los sentimientos, en fin, you name it) persiste.  Entonces siento que más que apacibilidad, lo que hoy tengo es un punzón persistente que me taladra el amor.  Ese que juramos compartir hasta que la muerte nos separe.  Y, entonces, al parecer, la muerte llegó.  Está instalada con su manto inapelable de silencio, su mirada ininterrumpida y su indiferencia aplastante.

Si fuera un concurso de TV, la pregunta del millón debiera ser algo así como:  ¿y quién aguanta más debajo del agua?  ¿Quién saldrá primero a pedir aire?

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