Tres meses y medio después, un día cualquiera

Ahora que lo he releído, comprendo el miedo que me daban estas páginas:  el tiempo avanza, igual que el reloj made in china, y estamos donde mismo:  damos pena dos veces al día, un par de sonrisas ídem y quedamos iguales.

Tuvimos un puñado de días que salvaron la decisión visceral de volver (convengámoslo:  no fue racional) pero aquí estamos de nuevo:  por enésima vez me dices, “ándate”.  ¿La razón?  Nuestra incapacidad de vivir juntos, de hacer cosas juntos. 

Este período me ha permitido rotularte:  no sabes compartir.  Mucho tiempo me dije, puede aprender, pero el problema es que no quieres, no quieres sociabilizar. 

 

(TENGO IRA:  Me latea seguir en este teclado, dándome vuelta en la misma estupidez.  ¿Alguien sabe qué se hace?  ¿Cómo se sale de este zapato chino sin dejar más heridas?)

¿Por qué dejé de intentarlo, por qué me he ido transformando en un espejo de tu accionar?  Te irritas, porque no soy yo:  PERO ASI ERES TU:  EGOISTA, OBSESIVO, REY DEL MUNDO como le dices a los niños…

Te quiero.  (Yo soy la reina de la contradicción, me siento oscura, amarga, desconsolada.)  Tu ausencia me sumió en una pena enorme; tu vuelta me tiene en el mismo lugar.

 

Fantaseo mucho, contigo y con otros, pero no tengo ganas.  Sólo quiero jugar en mi mente, construir mis escenarios, pararme y actuar.  Decir –SIN MIEDO- mis verdades, aunque sean raras, aunque duelan, aunque sean irreconocibles para quienes me conocen, aunque sean devastadoras, aunque sean miserables… pero será la verdad.  Estar en escena, pero no actuar ni para la galería, el palco o la platea:  tan sólo hacerlo para mí, para liberarme y descansar.

 

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar